antisemita. Y al igual que en Rusia, también en América es el judío pobre quien sufre por las culpas del rico explotador de su raza.
Esta serie de artículos ya está recibiendo una andanada organizada por correo, telégrafo y teléfono, y cada uno de sus elementos lleva consigo el lamento de la persecución.
Uno llegaría a pensar que se está perpetrando un ataque desalmado y horrible contra un pueblo de lo más digno de lástima e indefenso, hasta que uno se fija en los membretes de los magnates que escriben, en las calificaciones financieras de quienes protestan y en la composición de las organizaciones cuyos máximos responsables exigen histéricamente una retractación.
Y siempre en un segundo plano planea la amenaza de boicot, una amenaza que prácticamente ha cerrado las columnas de todas las publicaciones de América incluso a la más moderada discusión de la Cuestión Judía.
La cuestión judía en América no puede ocultarse para siempre mediante amenazas contra publicaciones, ni mediante la publicación propagandística de asuntos extrema e invariablemente favorables a todo lo judío. Está aquí y no puede tergiversarse en otra cosa mediante el uso hábil de la propaganda, ni puede silenciarse para siempre mediante amenazas. Los judíos de los Estados Unidos pueden servirse mejor a sí mismos y a sus hermanos judíos de todo el mundo dejando caer su grito demasiado presto de «antisemitismo», adoptando un tono más franco que el que corresponde a una víctima indefensa, y viendo qué es la cuestión judía y cómo incumbe a todo judío que ama a su pueblo ayudar a resolverla.
En esta serie se ha empleado el término "judío internacional". Es susceptible de dos interpretaciones: una, el judío dondequiera que se encuentre; la otra, el judío que ejerce un control internacional. La