contraste entre ella y los anuncios escritos y hablados que emanarán de nosotros".
Al discutir en el Duodécimo Protocolo el control de la Prensa —un tema que debe tratarse con mayor extensión en otro artículo—, se afirma lo siguiente:
"Hemos logrado esto en la actualidad hasta el punto de que todas las noticias se reciben a través de varias agencias en las que se centralizan desde todas las partes del mundo. Estas agencias serán entonces, a todos los efectos prácticas, nuestras propias instituciones y publicarán únicamente aquello que nosotros permitamos."
Esto del Séptimo Protocolo se relaciona con el mismo tema:
"Debemos obligar a los gobiernos gentiles a adoptar medidas que promuevan nuestro plan de amplias miras, que ya se acerca a su meta triunfante, ejerciendo la presión de una opinión pública estimulada, la cual ha sido organizada por nosotros con la ayuda del llamado «gran poder» de la prensa. Salvo algunas excepciones que no vale la pena tener en cuenta, esta ya se encuentra en nuestras manos."
Para reanudar el Duodécimo Protocolo:
"Si ya hemos conseguido dominar la mente de la sociedad gentil hasta tal punto que casi todos ven los asuntos mundiales a través de los cristales de colores de las anteojeras que colocamos ante sus ojos, y si ahora no hay un solo gobierno con barreras erigidas contra nuestro acceso a lo que por estupidez gentil se llama secretos de Estado, ¿qué será entonces cuando seamos los amos reconocidos del mundo en la persona de nuestro gobernante universal?"
La nación judía es la única nación que posee los secretos de todas las demás. Ninguna nación protege por mucho tiempo un secreto que