La principal aversión religiosa de los Protocolos, sin embargo, en la medida en que se expresa, es contra la Iglesia católica en general y el cargo pontificio en particular.
Un curioso párrafo de este Protocolo reivindica para la raza judía una habilidad particular en el arte del insulto:
"Nuestra prensa contemporánea expondrá los asuntos gubernamentales y religiosos y la incapacidad de los gentiles, utilizando siempre expresiones tan despectivas que rozarán el insulto, facultad para emplear el cual es tan bien conocida en nuestra raza."
Esto del Quinto Protocolo:
Bajo nuestra influencia, la ejecución de las leyes de los gentiles se reduce a un mínimo. El respeto por la ley es socavado por la liberal interpretación que hemos introducido en esta esfera. Los tribunales deciden tal como dictamos, aun en los casos más importantes en los que están implicados principios fundamentales o cuestiones políticas, viéndolos bajo la luz con la que los presentamos a la administración gentil a través de agentes con los que Aparentemente no tenemos nada en común, a través de la opinión de los periódicos y otras vías.
"En la sociedad gentil, donde hemos sembrado discordia y protestantismo * * * *"
La palabra «protestantismo» no se emplea evidentemente en el sentido religioso o sectario, sino para denotar un temperamento de quejosa censura destructivo de la opinión colectiva armoniosa.
Esto del Decimocuarto Protocolo:
"En los países llamados avanzados, hemos creado una literatura insensata, inmunda y repugnante. Durante poco tiempo después de nuestra llegada al poder fomentaremos su existencia para que resalte con mayor relieve el