En aquella revista de muy alta reputación titulada Asia, correspondiente a febrero-marzo de 1920, hay un artículo que contiene, entre otras declaraciones importantes, las siguientes: (las cursivas son nuestras)
"En todas las instituciones bolcheviques los jefes son judíos. El Comisario Adjunto de Educación Elemental, Grunberg, apenas puede hablar ruso. Los judíos tienen éxito en todo y logran sus fines. Saben mandar y obtienen una sumisión completa. Pero son orgullosos y despreciativos con todo el mundo, lo cual excita fuertemente al pueblo contra ellos * * * En la actualidad hay un gran fervor nacional religioso entre los judíos. Creen que se acerca el tiempo prometido del dominio de los elegidos de Dios en la tierra. Han vinculado el judaísmo con una revolución universal. Ven en la expansión de la revolución el cumplimiento de las Escrituras: 'Aunque acabe con todas las naciones adonde te he esparcido, no acabaré contigo'."
Ahora bien, si se quisiera una prueba gentil, los archivos de THE DEARBORN INDEPENDENT durante todo un año ni empezarían a contenerla. Pero la prueba judía es mejor.
Ha existido una extraña vacilación en la opinión judía respecto al bolchevismo.
Al principio fue aclamado con alegría. En los primeros días del nuevo régimen no hubo ocultamiento alguno en cuanto a la parte que el judaísmo tuvo en él.
Reuniones públicas, entrevistas y artículos especiales brotaron a borbotones, en los cuales se mezclaban elementos de verdad muy valiosos. No hubo ningún intento de ocultar los nombres.
Entonces el horror de aquello comenzó a adueñarse del mundo, y por un breve instante la opinión judía enmudeció.