El propósito del plan revelado en los Protocolos es socavar toda autoridad para poder instaurar una nueva autoridad en forma de autocracia. Tal plan no podría emanar de una clase dirigente que ya posee autoridad, aunque sí podría emanar de anarquistas. Pero los anarquistas no defienden la autocracia como la condición última que buscan. Podría concebirse a los autores como un grupo de subversivos franceses de los que existían en la época de la Revolución Francesa y que tenían al infame duque de Orleans como líder, pero esto implicaría una contradicción entre el hecho de que dichos subversivos han desaparecido y el hecho de que el programa anunciado en estos Protocolos se está llevando a cabo de manera constante, no solo en Francia, sino en toda Europa y de manera muy notable en los Estados Unidos.
En su forma actual, que da muestras de ser su forma original, no hay contradicción. La alegación de autoría judía parece esencial para la coherencia del plan.
Si estos documentos fuesen las falsificaciones que los apologistas judíos afirman que son, los falsificadores probablemente se habrían tomado la molestia de hacer que la autoría judía fuera tan evidente que su propósito antisemita pudiera detectarse fácilmente.
Pero el término «judío» solo se utiliza en ellos dos veces. Después de leer mucho más allá de lo que el lector medio suele estar dispuesto a adentrarse en tales asuntos, uno tropieza con los planes para el establecimiento del Autócrata Mundial, y solo entonces se aclara de qué linaje habrá de ser.
Pero en todos los documentos no queda duda alguna en cuanto a las personas contra quienes se dirige el plan. * No va dirigido contra la aristocracia como tal. * No va dirigido contra el capital como tal. * No va dirigido contra el