sido hombres de medios propios se dará cuenta de cuánta capacidad poética debe de haber permanecido sin desarrollar a causa de la pobreza; pues sería absurdo suponer que los ricos están mejor dotados por la naturaleza para la capacidad poética. La libertad para tales hombres, por pocos que sean, debe contarse frente al desperdicio de los simples ociosos.
Hasta ahora, hemos expuesto los argumentos a favor del plan anarquista. A mi juicio, son suficientes para hacer parecer posible que el plan pudiera triunfar, pero no suficientes para hacerlo tan probable que fuera prudente intentarlo.
La cuestión de la viabilidad de las propuestas anarquistas en lo que respecta a la distribución es, como tantas otras cuestiones, de carácter cuantitativo. Las propuestas anarquistas constan de dos partes: (1) Que todos los bienes comunes sean suministrados ad libitum a todos los solicitantes; (2) Que no se imponga a nadie ninguna obligación de trabajar, ni recompensa económica por el trabajo. Estas dos propuestas no son necesariamente inseparables, ni ninguna de ellas conlleva todo el sistema del anarquismo, aunque sin ellas el anarquismo difícilmente sería posible. En cuanto a la primera de estas propuestas, puede llevarse a cabo incluso ahora respecto a algunos bienes, y podría llevarse a cabo en un futuro no muy lejano respecto a muchos más. Es un plan flexible, ya que este o aquel artículo de consumo podría ser incluido en la lista gratuita o retirado de ella según lo dictasen las circunstancias. Sus ventajas son muchas y diversas, y la práctica mundial tiende a desarrollarse en esta dirección. Pienso que podemos concluir que esta parte del sistema de los anarquistas bien podría adoptarse poco a poco, alcanzando gradualmente la plena extensión que desean.
Pero en cuanto a la segunda propuesta, la de que no haya obligación de trabajar ni recompensa económica por el trabajo, la cuestión es mucho