explica M. Lagardelle, las dos secciones corregirán mutuamente sus puntos de vista: la federación nacional de industrias evitará el parroquialismo (localisme) y la organización local frenará el espíritu corporativo o «sindical» (Trade Union). Los trabajadores aprenderán al mismo tiempo la solidaridad de todos los obreros de una localidad y la de todos los obreros de un oficio, y, al aprender esto, aprenderán al mismo tiempo la completa solidaridad de toda la clase trabajadora.26
Esta organización fue en gran medida obra de Pelloutier, que fue secretario de la Federación de Bolsas de Trabajo desde 1894 hasta su muerte en 1901. Era un anarcocomunista e impregnó con sus ideas a la Federación y, por ende, de forma póstuma, a la C. G. T. tras su fusión con la Federación de Bolsas. Incluso llevó sus principios al gobierno de la Federación; el Comité no tenía presidente y las votaciones raras veces se llevaban a cabo. Afirmaba que «la tarea de la revolución es liberar a la humanidad, no solo de toda autoridad, sino también de toda institución que no tenga por fin esencial el desarrollo de la producción».
La C. G. T. concede mucha autonomía a cada sección de la organización. Cada sindicato cuenta por uno, ya sea grande o pequeño. No existen las actividades de socorro mutuo que constituyen una parte tan importante de la labor de los sindicatos ingleses.
No da órdenes, sino que tiene un carácter puramente consultivo. No permite que la política se introduzca en los sindicatos. Esta decisión se basó originalmente en el hecho de que las divisiones entre socialistas desorganizaban los sindicatos, pero hoy en día se ve reforzada en la mente de un sector importante por la aversión general de los anarquistas hacia la política.
La C. G. T. es esencialmente una organización de combate; en las huelgas, constituye el núcleo al que se suman los demás trabajadores.