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CAPÍTULO II — BAKUNIN Y EL ANARQUISMO

Sus escritos difieren de los de Marx tanto como su vida, y de manera similar. Son caóticos, en su mayor parte suscitados por alguna ocasión pasajera, abstractos y metafísicos, excepto cuando tratan de la política actual. No aborda de cerca los hechos económicos, sino que habita por lo general en las regiones de la teoría y la metafísica. Cuando desciende de estas regiones, está mucho más a merced de la política internacional del momento que Marx, mucho menos imbuido de las consecuencias de la creencia de que son las causas económicas las fundamentales. Elogió a Marx por enunciar esta doctrina,15 pero, sin embargo, siguió pensando en términos de naciones. Su obra más extensa, L'Empire Knouto-Germanique et la Révolution Sociale, trata principalmente de la situación en Francia durante las últimas fases de la guerra franco-prusiana, y de los medios para resistir al imperialismo alemán. La mayor parte de su obra escrita fue realizada a prisa en el intervalo entre dos insurrecciones. Hay algo de anarquismo en su falta de orden literario. Su obra más conocida es un fragmento titulado por sus editores Dios y el Estado.16

En esta obra representa la creencia en Dios y la creencia en el Estado como los dos grandes obstáculos para la libertad humana.

Un pasaje típico servirá para ilustrar su estilo.

El Estado no es la sociedad, solo es una forma histórica de ella, tan brutal como abstracta. Nació históricamente en todos los países del matrimonio de la violencia, la rapiña, el pillaje, en una palabra, la guerra y la conquista, con los dioses sucesivamente creados por la fantasía teológica de las naciones. Ha sido desde su origen, y sigue siendo todavía en la actualidad, la sanción divina de la fuerza brutal y de la desigualdad triunfante.

El Estado es autoridad; es fuerza; es la ostentación y la infatuación de la fuerza: no se insinúa; no busca convertirse. . . .

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