- Si a un hombre se le ofrece un hecho que va en contra de sus instintos, lo examinará minuciosamente y, a menos que las pruebas sean abrumadoras, se negará a creerlo. * Si, por otra parte, se le ofrece algo que le proporciona un motivo para actuar de acuerdo con sus instintos, lo aceptará incluso basándose en las pruebas más escasas. > El origen de los mitos se explica de este modo, y gran parte de lo que actualmente se cree en los asuntos internacionales no es mejor
Aunque el capitalismo ofrece en la sociedad moderna el cauce por el cual el instinto de combatividad encuentra su salida, hay razones para temer que, si este cauce se cerrara, se encontraría algún otro, a menos que la educación y el entorno se modifiquen de tal modo que disminuyan enormemente la fuerza del instinto competitivo. Si una reorganización económica puede lograr esto, tal vez proporcione una salvaguarda real contra la guerra; pero si no, es de temer que las esperanzas de paz universal resulten ilusorias.
La abolición del capitalismo podría, y con mucha probabilidad lo haría, disminuir en gran medida los incentivos a la guerra que provienen de la prensa y del deseo de las finanzas de encontrar nuevos campos de inversión en países no desarrollados; pero aquellos que se derivan del instinto de mando y de la impaciencia ante la oposición podrían persistir, aunque tal vez en una forma menos virulenta que en la actualidad.
Una democracia que detenta el poder es casi siempre más belicosa que una que se encuentra excluida de su debida participación en el gobierno.
El internacionalismo de Marx se basa en el supuesto de que el proletariado está oprimido en todas partes por las clases dominantes. Las últimas palabras del Manifiesto Comunista encarnan esta idea: