Casi al final del volumen, en un capítulo muy breve titulado «Tendencia histórica de la acumulación capitalista», Marx deja vislumbrar por un instante la esperanza que yace más allá del horror presente:—
Tan pronto como este proceso de transformación ha descompuesto suficientemente a la vieja sociedad de arriba abajo, tan pronto como los obreros se convierten en proletarios y sus medios de trabajo en capital, tan pronto como el modo capitalista de producción se halla sobre sus propios pies, entonces la mayor socialización del trabajo y la mayor transformación de la tierra y otros medios de producción en medios de producción socialmente explotados y, por tanto, comunes, así como la mayor expropiación de los propietarios privados, revisten una forma nueva.
Lo que ahora ha de ser expropiado ya no es el obrero que trabaja para sí mismo, sino el capitalista que explota a muchos obreros.
Esta expropiación se realiza por la acción de las leyes inmanentes de la propia producción capitalista, por la centralización de los capitales. Un capitalista mata a muchos, y a la par de esta centralización, o de esta expropiación de muchos capitalistas por pocos, se desarrolla, en una escala cada vez más extendida,
- la forma cooperativa del proceso de trabajo,
- la aplicación técnica consciente de la ciencia,
- el cultivo metódico del suelo,
- la transformación de los instrumentos de trabajo en instrumentos de trabajo utilizables solo en común,
- la economía de todos los medios de producción mediante su uso como medios de producción del trabajo combinado y socializado,
- el enredo de todos los pueblos en la red del mercado mundial, y con esto,
- el carácter internacional del régimen capitalista.