como fuere, habrá que establecer algún método para prevenir las guerras antes de que nuestra Utopía sea posible. Una vez que los hombres CREAN que el mundo está a salvo de la guerra, toda la dificultad estará resuelta: ya no habrá entonces ninguna resistencia seria a la disolución de los ejércitos y armadas nacionales, y a su sustitución por una pequeña fuerza internacional para la protección contra razas incivilizadas. Y cuando se haya alcanzado esa etapa, la paz estará virtualmente garantizada.
La práctica del gobierno por mayorías, que los anarquistas critican, está de hecho expuesta a la mayoría de las objeciones que esgrimen contra ella.
Aún más censurable es el poder del ejecutivo en asuntos que afectan de manera vital a la felicidad de todos, tales como la paz y la guerra. Pero no se puede prescindir de ninguno de los dos de forma repentina.
Existen, sin embargo, dos métodos para disminuir el daño que causan:
(1) El gobierno de las mayorías puede hacerse menos opresivo mediante la descentralización, dejando la resolución de cuestiones que afectan principalmente solo a una sección de la comunidad en manos de dicha sección, en lugar de en las de una Cámara Central. De este modo, los hombres ya no se ven forzados a someterse a decisiones tomadas apresuradamente por personas mayormente ignorantes del asunto en cuestión y que no están personalmente interesadas. Debería concederse autonomía en asuntos internos, no solo a las regiones, sino a todos los grupos, tales como industrias o Iglesias, que posean importantes intereses comunes no compartidos por el resto de la comunidad.
(2) Los grandes poderes conferidos al poder ejecutivo de un Estado moderno se deben principalmente a la frecuente necesidad de tomar decisiones rápidas, especialmente en lo que concierne a los asuntos exteriores. Si el peligro de guerra quedara prácticamente eliminado,