bienvenida siempre y cuando no conduzca a un reino de tiranía privada.
El poder del Estado es en parte jurídico, en parte económico: los actos de un tipo que desagradan al Estado pueden ser castigados por la ley penal, y los individuos que incurren en el descontento del Estado pueden tener dificultades para ganarse la vida.
Las opiniones de Marx sobre el Estado no son muy claras. Por un lado, parece dispuesto, al igual que los socialistas de Estado modernos, a conceder un gran poder al Estado, pero por otro sugiere que, una vez consumada la revolución socialista, el Estado, tal como lo conocemos, desaparecerá.
Entre las medidas que se defienden en el Manifiesto comunista como inmediatamente deseables, hay varias que aumentarían en gran medida el poder del Estado existente. Por ejemplo: «Centralización del crédito en manos del Estado por medio de un banco nacional con capital estatal y monopolio exclusivo»; y también: «Centralización de los medios de comunicación y transporte en manos del Estado». Pero el Manifiesto continúa diciendo:
Cuando, en el curso del desarrollo, hayan desaparecido las diferencias de clase y toda la producción se haya concentrado en manos de una vasta asociación de toda la nación, el poder público perderá su carácter político. El poder político, propiamente dicho, es el poder organizado de una clase para oprimir a otra. Si el proletariado, en su lucha contra la burguesía, se ve forzado por la necesidad de las circunstancias a constituirse en clase; si mediante una revolución se convierte en la clase dominante y, como tal, barre por la fuerza las viejas condiciones de producción, entonces habrá barrido,