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CAPÍTULO II — BAKUNIN Y EL ANARQUISMO

Aun cuando manda lo que es bueno, lo estorba y lo arruina, precisamente porque lo manda, y porque todo mandato provoca y excita las legítimas rebeldías de la libertad; y porque el bien, a partir del momento en que es mandado, se vuelve mal desde el punto de vista de la verdadera moralidad, de la moralidad humana (sin duda no de la divina), desde el punto de vista del respeto humano y de la libertad. La libertad, la moralidad y la dignidad humana del hombre consisten precisamente en esto: en que hace el bien, no porque se le mande, sino porque lo concibe, lo quiere y lo

No encontramos en la obra de Bakunin un cuadro claro de la sociedad a la que aspiraba, ni argumento alguno que pruebe que semejante sociedad pudiera ser estable. Si deseamos comprender el anarquismo, debemos acudir a sus seguidores, y en especial a Kropotkin —como él, un aristócrata ruso familiarizado con las prisiones de Europa, y, como él, un anarquista que, a pesar de su internacionalismo, está imbuido de un ardiente odio hacia los alemanes.

Kropotkin ha dedicado gran parte de sus escritos a cuestiones técnicas de la producción. En "Campos, fábricas y talleres" y en "La conquista del pan" se ha propuesto demostrar que, si la producción fuera más científica y estuviera mejor organizada, una cantidad comparativamente pequeña de trabajo bastante agradable bastaría para mantener a toda la población en condiciones de bienestar. Aun suponiendo, como probablemente debemos hacer, que exagera un poco lo que es posible con nuestros conocimientos científicos actuales, hay que reconocer, sin embargo, que sus argumentos contienen una medida muy grande de verdad. Al abordar el tema de la producción ha demostrado que conoce cuál es la cuestión verdaderamente crucial.

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