general no deben considerarse sustitutos de la revolución violenta que la mayoría de los anarquistas considera necesaria. Su actitud en este asunto quedó definida en el Congreso Anarquista Internacional celebrado en Ámsterdam en agosto de 1907. Este Congreso recomendaba «a los camaradas de todos los países participar activamente en los movimientos autónomos de la clase trabajadora, y desarrollar en las organizaciones sindicalistas las ideas de revuelta, iniciativa individual y solidaridad, que son la esencia del anarquismo». Los camaradas debían «propagar y apoyar únicamente aquellas formas y manifestaciones de acción directa que lleven en sí mismas un carácter revolucionario y conduzcan a la transformación de la sociedad». Se resolvió que «los anarquistas piensan que la destrucción de la sociedad capitalista y autoritaria solo puede realizarse mediante la insurrección armada y la expropiación violenta, y que el uso de la huelga más o menos general y del movimiento sindicalista no debe hacernos olvidar los medios de lucha más directos contra la fuerza militar del gobierno».
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CAPÍTULO III — LA REVUELTA SINDICALISTA
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