Tendría que haber todavía dinero, o algo análogo a él, en cualquier comunidad como la que estamos imaginando.
El plan anarquista de una distribución gratuita de la producción total del trabajo en partes iguales no elimina la necesidad de algún patrón de valor de cambio, ya que un hombre elegirá tomar su parte en una forma y otro en otra.
Cuando llegue el día de distribuir los artículos de lujo, las ancianas no querrán su cuota de puros, ni los jóvenes su justa proporción de perrito faldero; esto hará necesario saber cuántos cigarros equivalen a un perrito faldero.
La manera más sencilla, con mucho, es pagar una renta, como en la actualidad, y permitir que los valores relativos se ajusten según la demanda.
Pero si se pagara con moneda real, un hombre podría atesorarla y con el tiempo convertirse en capitalista. Para evitar esto, lo mejor sería pagar con billetes utilizables únicamente durante un período determinado, digamos un año a partir de la fecha de emisión. Esto le permitiría a un hombre ahorrar para sus vacaciones anuales, pero no ahorrar indefinidamente.
Hay muchísimo que decir en favor del plan anarquista de permitir que los artículos de primera necesidad, y todas las mercancías que puedan producirse fácilmente en cantidades adecuadas para cualquier demanda posible, se regalen libremente a todos los que los pidan, en cualquier cantidad que puedan requerir. La cuestión de si este plan debe adoptarse es, a mi juicio, puramente técnica: ¿sería, de hecho, posible adoptarlo sin un gran desperdicio y la consiguiente desviación de mano de obra hacia la producción de artículos de primera necesidad cuando podría emplearse de otro modo con mayor utilidad?