serían posibles métodos más engorrosos pero menos autocráticos, y el poder legislativo podría recuperar muchas de las facultades que el ejecutivo le ha usurpado. Mediante estos dos métodos, la intensidad de la injerencia en la libertad que implica el gobierno puede disminuirse gradualmente.
Cierta injerencia, e incluso cierto peligro de injerencia injustificada y despótica, es de la esencia del gobierno, y así debe seguir siendo mientras el gobierno exista.
Pero hasta que los hombres sean menos propensos a la violencia de lo que son ahora, cierto grado de fuerza gubernamental parece el menor de los dos males.
Podemos esperar, sin embargo, que una vez que el peligro de guerra haya llegado a su fin, los impulsos violentos de los hombres disminuyan gradualmente, tanto más cuanto que, en ese caso, será posible reducir enórmemente el poder individual que ahora hace que los gobernantes sean autócratas y estén dispuestos a cometer casi cualquier acto de tiranía con tal de aplastar la oposición.
El desarrollo de un mundo en el que incluso la fuerza gubernamental se ha vuelto innecesaria (excepto contra los lunáticos) debe ser gradual. Pero como proceso gradual es perfectamente posible; y cuando se haya completado, podemos esperar ver los principios del anarquismo encarnados en la gestión de los asuntos comunales.
¿Cómo influirá el sistema económico y político que hemos esbozado en los males del carácter? Creo que el efecto será absolutamente extraordinario y benéfico.
El proceso de alejar el pensamiento y la imaginación de los hombres del uso de la fuerza se verá muy acelerado por la abolición del sistema capitalista, siempre que a este no le suceda una forma de socialismo de