Pero después de este tiempo sus opiniones experimentaron un rápido cambio. Le resultó imposible aceptar la máxima hegeliana de que todo lo que es, es racional, y en 1842 emigró a Dresde, donde empezó a relacionarse con Arnold Ruge, el editor de los "Deutsche Jahrbuecher". Por entonces ya se había convertido en un revolucionario, y al año siguiente se atrajo la hostilidad del gobierno sajón.
Esto lo condujo a ir a Suiza, donde entró en contacto con un grupo de comunistas alemanes, pero, como la policía suiza lo importunaba y el Gobierno ruso exigía su regreso, se trasladó a París, donde permaneció de 1843 a 1847.
Estos años en París fueron importantes en la formación de su perspectiva y sus opiniones. Conoció a Proudhon, quien ejerció una influencia considerable sobre él; también a George Sand y a muchas otras personas bien conocidas.
Fue en París donde conoció por primera vez a Marx y a Engels, con quienes mantendría una batalla de por vida. Mucho más tarde, en 1871, dio el siguiente relato de sus relaciones con Marx en aquella época:—
Marx estaba mucho más adelantado que yo, como sigue estando hoy no más adelantado, sino incomparablemente más instruido que yo. Yo no sabía entonces nada de economía política. Aún no me había librado de las abstracciones metafísicas, y mi socialismo era meramente instintivo. Él, aunque más joven que yo, ya era ateo, un materialista instruido, un socialista de convicciones firmes. Fue precisamente en esta época cuando elaboró los primeros cimientos de su sistema actual. Nos veíamos bastante a menudo, pues yo lo respetaba mucho por su saber y por su apasionada y seria devoción (aunque siempre mezclada con vanidad personal) a la causa del proletariado, y buscaba con anhelo