China fue llevada al borde de la ruina por el opio, y todo chino patriota deseaba ver restringido el tráfico de opio. En tales asuntos, la libertad no es una panacea, y cierto grado de restricción legal parece imperativo para la salud nacional.
Pero concediendo que el Estado, de algún modo, deba continuar, debemos también conceder, Pienso, que sus poderes deberían limitarse muy estrictamente a lo que sea absolutamente necesario.
No hay manera de limitar sus poderes sino mediante grupos que celen sus privilegios y estén decididos a preservar su autonomía, aun si esto implicara la resistencia a las leyes decretadas por el Estado cuando dichas leyes interfieren en los asuntos internos de un grupo de maneras no justificadas por el interés público.
La glorificación del Estado, y la doctrina de que es deber de todo ciudadano servir al Estado, van radicalmente en contra del progreso y en contra de la libertad.
El Estado, aunque actualmente es