Recapitularemos brevemente lo que ya se ha dicho en cuanto a la necesidad de estas prohibiciones.
- Robo.—Es verdad que en un mundo anarquista no habrá indigencia y, por lo tanto, tampoco robos motivados por el hambre. Pero esos robos no son hoy en día ni los más considerables ni los más dañinos. El sistema de racionamiento, que ha de aplicarse a los artículos de lujo, dejará a muchos hombres con menos lujos de los que podrían desear. Brindará oportunidades para la malversación a quienes tengan el control de los almacenes públicos, y dejará abierta la posibilidad de apropiarse de objetos de arte de gran valor como los que naturalmente se conservarían en los museos públicos. Podría sostenerse que tales formas de robo serían prevenidas por la opinión pública. Pero la opinión pública no influye gran cosa en un individuo a menos que sea la opinión de su propio grupo. Un grupo de hombres confabulados para robar podría desafiar fácilmente la opinión pública de la mayoría, a menos que dicha opinión pública se hiciera efectiva mediante el uso de la fuerza contra ellos. Probablemente, de hecho, dicha fuerza se aplicaría a través de la indignación popular, pero en ese caso reviviríamos los males del derecho penal con los males añadidos de la incertidumbre, la prisa y la pasión, que son inseparables de la práctica del linchamiento. Si, como hemos sugerido, se considerara necesario proporcionar un estímulo económico para trabajar permitiendo menos lujos a los holgazanes, esto ofrecería un nuevo motivo de robo por su parte y una nueva necesidad de alguna forma de derecho penal.
- Delitos de Violencia.—La crueldad hacia los niños, los delitos por celos, la violación y cosas por el estilo, son casi seguros en cualquier sociedad hasta cierto punto. La prevención de tales actos es esencial para la existencia de libertad para los débil. Si