A mi juicio, las mejores partes del libro son aquellas que tratan sobre los hechos económicos, cuyo conocimiento por parte de Marx era enciclopédico. Con estos hechos esperaba infundir en sus discípulos ese odio firme e inmarcesible que los convirtiera en soldados a muerte en la lucha de clases.
Los hechos que acumula son de tal naturaleza que resultan prácticamente desconocidos para la gran mayoría de quienes llevan una vida cómoda. Son hechos muy terribles, y hay que reconocer que el sistema económico que los engendra es un sistema muy terrible. Unos cuantos ejemplos de su selección de hechos servirán para explicar la amargura de muchos socialistas:—
El señor Broughton Charlton, magistrado del condado, declaró, como presidente de una reunión celebrada en las Assembly Rooms de Nottingham el 14 de enero de 1860, «que existía entre esa parte de la población vinculada al sector del encaje una cantidad de privación y sufrimiento desconocida en otras partes del reino, es decir, del mundo civilizado. [...] Niños de nueve o diez años son arrastrados de sus sórdidas camas a las dos, tres o cuatro de la madrugada y obligados a trabajar por una mera subsistencia hasta las diez, once o doce de la noche, consumiéndose sus extremidades, achicándose sus cuerpos, blanqueándose sus rostros y hundiéndose su condición humana en un sopor pétreo, totalmente horrible de contemplar».⁴
Tres ferroviarios están ante un jurado forense de Londres: un guard , un maquinista, un signalman . Un tremendo accidente ferroviario ha precipitado a cientos de pasajeros al otro mundo. La negligencia de los empleados es la causa de la desgracia. Estos declaran a una sola voz ante el jurado que, diez o doce años antes, su trabajo solo duraba ocho horas al día. Durante los últimos cinco o seis años había sido estirado hasta 14, 18 y 20 horas, y bajo una presión especialmente severa de vacacionistas, en épocas de trenes de excursión, a menudo duraba 40 o 50 horas sin interrupción.