Todo el curso de la historia es visto por él como necesario, como el efecto de causas materiales que actúan sobre los seres humanos. No defiende tanto la revolución socialista como la predice. Sostiene, es cierto, que será beneficiosa, pero le preocupa mucho más demostrar que ha de venir inevitablemente.
Esa misma sensación de necesidad se manifiesta en su exposición de los males del sistema capitalista. No culpa a los capitalistas por las crueldades de las que demuestra que han sido culpables; simplemente señala que se encuentran bajo la necesidad intrínseca de portarse con crueldad mientras continúe la propiedad privada de la tierra y del capital. Pero su tiranía no durará para siempre, pues genera las fuerzas que al final han de derrocarla.
- La ley de la concentración del capital.— Marx señaló que las empresas capitalistas tienden a hacerse cada vez más grandes. Previó la sustitución de la libre competencia por los fideicomisos (trusts), y predijo que el número de empresas capitalistas debía disminuir a medida que aumentaba la magnitud de las empresas individuales. Supuso que este proceso debía implicar una disminución, no solo en el número de negocios, sino también en el número de capitalistas. En efecto, solía hablar como si cada negocio fuera propiedad de un solo hombre. En consecuencia, esperaba que los hombres fueran continuamente arrojados de las filas de los capitalistas a las del proletariado, y que los capitalistas, con el tiempo, fueran debilitándose numéricamente cada vez más. Aplicó este principio no solo a la industria sino también a la agricultura. Esperaba ver que los terratenientes fueran cada vez menos mientras sus fincas crecían cada vez más. Este proceso haría cada vez más patentes los males y las injusticias del sistema capitalista, y estimularía cada vez más las fuerzas de oposición.
- The Class War.—Marx conceives the wage- earner and the capitalist in a sharp antithesis. He imagines that every man is,