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CAPÍTULO V — GOBIERNO Y LEY

GOBIERNO y Ley, en su esencia misma, consisten en restricciones a la libertad, y la libertad es el mayor de los bienes políticos.46 Un razonador apresurado podría concluir sin más preámbulos que la Ley y el gobierno son males que deben ser abolidos si la libertad es nuestra meta. Pero esta consecuencia, cierta o falsa, no puede probarse tan simplemente. En este capítulo examinaremos los argumentos de los anarquistas contra la ley y el Estado. Partiremos del supuesto de que la libertad es el fin supremo de un buen sistema social; pero sobre esta misma base encontraremos que las pretensiones anarquistas son muy cuestionables.

El respeto por la libertad ajena no es un impulso natural en la mayoría de los hombres: la envidia y el amor al poder llevan a la naturaleza humana ordinaria a hallar placer en la interferencia con las vidas de los demás.

Si las acciones de todos los hombres estuvieran completamente libres de trabas por parte de una autoridad externa, no obtendríamos un mundo en el que todos los hombres fueran libres. Los fuertes oprimirían a los débiles, o la mayoría oprimiría a la minoría, o los amantes de la violencia oprimirían a la gente más pacífica.

Temo que no se pueda decir que estos malos impulsos se deban POR COMPLETO a un mal sistema social, aunque hay que admitir que la actual organización competitiva de la sociedad hace mucho para fomentar los peores elementos de la naturaleza humana. El amor al poder es un impulso que, aunque innato en los hombres muy ambiciosos, es promovido principalmente, por regla general, por la experiencia real del poder. En un mundo donde nadie pudiera adquirir

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