Luego, antes de llegar a casa, te maldije y te insulté por culpa de esa dirección, ya te odiaba por las mentiras que te había contado. Porque a mí solo me gusta jugar con las palabras, solo soñar, pero, ¿sabes lo que realmente quiero? Que os vayáis todos al infierno. Eso es lo que quiero. Quiero paz; sí, vendería al mundo entero por una perra chica, de golpe, con tal de que me dejaran en paz. ¿Se va a ir el mundo a hacer puñetas o me voy a quedar yo sin té? Yo digo que el mundo puede irse a hacer puñetas con tal de que yo siempre tenga mi té. ¿Lo sabías o no?
Bueno, de todos modos, sé que soy un canalla, un bribón, un egoísta, un holgazán.
Aquí he estado estremeciéndome durante los últimos tres días ante la idea de tu llegada. ¿Y sabes qué es lo que me ha preocupado particularmente durante estos tres días? Que me he hecho el héroe ante ti, y ahora ibas a verme en una bata miserable y rota, mendicante, repugnante.
Te acabo de decir que no me avergonzaba de mi pobreza; así que puedes saber que sí me avergüenzo de ella; me avergüenzo de ella más que de nada, le temo más que a que me descubran si fuera un ladrón, porque soy tan vanidoso como si me hubieran desollado y hasta el aire que soplara sobre mí me doliera.
Seguramente a estas alturas ya te habrás dado cuenta de que jamás te perdonaré el haberme encontrado con esta maldita bata, justo cuando me abalanzaba sobre Apollon como un chucho rencoroso. ¡El salvador, el antiguo héroe, se lanzaba como un ovejero sarnoso y desgreñado contra su lacayo, y el lacayo se burlaba de él! ¡Y jamás te perdonaré las lágrimas que no pude evitar derramar ante ti hace un momento, como una mujercilla abochornada! ¡Y por lo que ahora te confieso, tampoco te perdonaré jamás! Sí, tienes que responder por todo ello, porque apareciste así, porque soy un canalla, porque soy el más ruin, el más