todos modos, uno puede observar cierta torpeza en él cuando ha alcanzado tales objetivos. Le encanta el proceso de alcanzarlo, pero no le gusta del todo haberlo alcanzado, y eso, por supuesto, es muy absurdo. De hecho, el hombre es una criatura cómica; parece haber una especie de broma en todo esto.
Sin embargo, la certeza matemática es, después de todo, algo insoportable.
Dos y dos son cuatro me parece simplemente una insolencia. Dos y dos son cuatro es un petimetre impertinente que se planta con los brazos en jarra interponiéndose en tu camino y escupiendo.
Reconozco que dos y dos son cuatro es una cosa excelente, pero si hemos de dar a cada uno lo suyo, dos y dos son cinco es a veces también una cosa muy encantadora.
¿Y por qué están ustedes tan firme, tan triunfalmente convencidos de que solo lo normal y lo positivo —en otras palabras, solo aquello que propicia el bienestar— es ventajoso para el hombre? ¿Acaso no yerra la razón en lo que a la ventaja se refiere? ¿No amará acaso el hombre algo más que el bienestar? ¿Quizá le apasione el sufrimiento en igual medida? ¿Quizá el sufrimiento sea para él un beneficio tan grande como el bienestar? A veces el hombre está extraordinaria, apasionadamente enamorado del sufrimiento, y eso es un hecho. No hace falta recurrir a la historia universal para demostrarlo; pregúntese usted mismo, si es hombre y ha vivido algo en la vida.
Por lo que respecta a mi opinión personal, preocuparse únicamente por el bienestar me parece algo positivamente de mal gusto. Ya sea bueno o malo, a veces resulta también muy agradable romper cosas. No defiendo el sufrimiento ni tampoco el bienestar. Defiendo… mi capricho, y que este me sea garantizado cuando sea necesario.