ha escrito «Como gustéis»: al instante bebo a la salud de «cualquiera que gustéis» porque amo todo lo «bello y sublime».
Debería reclamar respeto por hacerlo. Debería perseguir a cualquiera que no me mostrara respeto. Debería vivir con desahogo, debería morir con dignidad; vaya, ¡es encantador, perfectamente encantador!
Y qué buena panza redonda me habría criado, qué triple mentón me habría echado, qué nariz rubí me habría coloreado, de modo que todos habrían dicho, al mirarme:
«¡He aquí un valor! ¡He aquí algo real y sólido!».
Y, digan lo que digan, es muy agradable oír tales comentarios sobre uno mismo en esta época negativa.