Me vencí, sin embargo, y alcancé a levantar la cabeza; tarde o temprano tenía que hacerlo... y hasta el día de hoy estoy convencido de que fue precisamente por la vergüenza que me daba mirarla que otro sentimiento se encendió y brotó de pronto en mi corazón... un sentimiento de dominio y posesión.
Mis ojos brillaban de pasión y le apreté las manos con fuerza. ¡Cómo la aborrecía y cómo me sentía atraído hacia ella en ese minuto! Un sentimiento intensificaba al otro. Era casi como un acto de venganza.
Al principio hubo una expresión de asombro, incluso de terror en su rostro, pero solo por un instante. Me abrazó con ardor y éxtasis.