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nydus/Notes from UndergroundPublic
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I. Subterráneo

Una noche, al pasar junto a una taberna, vi a través de una ventana iluminada a unos caballeros peleando con tacos de billar, y vi cómo arrojaban a uno de ellos por la ventana. En otras circunstancias me habría sentido muy disgustado, pero entonces me encontraba en tal estado de ánimo que sentí envidia del caballero arrojado por la ventana; y tanta envidia le tuve que incluso entré en la taberna y en la sala de billar. «Quizá —pensé—, yo también me peleé y me echen por la ventana».

No estaba ebrio —pero ¿qué se le va a hacer?—, ¿la depresión no lo arrastra a uno a tal grado de histeria? Pero no pasó nada. Al parecer ni siquiera tenía lo necesario para que me arrojaran por la ventana y me fui sin tener mi pelea.

Un oficial me puso en mi lugar desde el primer momento.

Estaba junto a la mesa de billar y, en mi ignorancia, le estorbaba el paso; él quiso pasar, me cogió por los hombros y sin una palabra —sin previo aviso ni explicación— me trasladó del lugar donde estaba a otro sitio y pasó de largo como si no me hubiera visto. Podría haber perdonado los golpes, pero no podía perdonar que me hubiera movido sin reparar en mí.

Sabe Dios lo que habría dado por una buena pelea en regla, una más decente, más literaria, por decirlo así. Me habían tratado como a una mosca. Este oficial medía más de seis pies, mientras que yo era un tipo flacucho y retacón. Pero el pleito estaba en mis manos. Me bastaba con protestar y sin duda me habrían arrojado por la ventana. Pero cambié de opinión y preferí emprender una retirada resentida.

Salí de la taberna directo a casa, confuso y turbado, y la noche siguiente volví a salir con las mismas torpes intenciones, aún más furtiva, abyecta y miserablemente que antes, por decirlo así, con lágrimas en los ojos, pero aun así volví a salir.

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