abajo su largo labio superior.
—¡Dios mío! —dijo—, ¿no es una cara espantosa?
Se miró en el espejo.
—Y en cuanto a este Robert Cohn —dijo Bill—, me da asco, que se vaya al infierno, y me alegro un montón de que se quede aquí para no tenerlo pescando con nosotros.
—Tienes toda la puta razón.
“Vamos a pescar truchas. Vamos a pescar truchas al río Irati, y nos vamos a poner ciegos ahora en el almuerzo con el vino del país, y luego vamos a dar un paseo en un autobús de lujo”.
“Vamos. Vayamos al Iruña a empezar”, dije.