CodalSearch this book — or all of Codal…⌘K
nydus/The Sun Also RisesPublic
EspañolEnglish
Page 89 of 332
Table of Contents

VIII

No volví a ver a Brett hasta que regresó de San Sebastián. Llegó una postal suya desde allí. Tenía una foto de la Concha y decía:

«Cariño. Muy tranquilo y sano. Recuerdos a todos los muchachos. Brett».

Tampoco volví a ver a Robert Cohn. Supe que Frances se había marchado a Inglaterra y recibí una nota de Cohn diciendo que se iba al campo un par de semanas, no sabía dónde, pero que quería mantenerme firme en lo del viaje de pesca a España del que habíamos hablado el invierno pasado. Podía localizarle siempre, escribía, a través de sus banqueros.

Brett se había ido, las cuitas de Cohn no me molestaban, más bien disfrutaba de no tener que jugar al tenis, había mucho trabajo que hacer, iba a menudo a las carreras, cenaba con amigos y dedicaba algo de tiempo extra a la oficina para adelantar las cosas y así poder dejarla al cargo de mi secretaria cuando Bill Gorton y yo zarpáramos hacia España a finales de junio. Bill Gorton llegó, se instaló un par de días en el apartamento y se fue a Viena. Estaba muy alegre y decía que Estados Unidos era maravilloso. Nueva York era maravilloso. Había habido una gran temporada teatral y toda una cosecha de jóvenes y magníficos semipesados. Cualquiera de ellos prometía llegar a crecer, ganar peso y derrotar a Dempsey. Bill estaba muy contento. Había ganado mucho dinero con su último libro y pensaba ganar mucho más. Lo pasamos bien mientras estuvo en París, y luego se fue a Viena. Volvería en tres semanas y partiríamos hacia España para pescar un poco e ir a la fiesta de Pamplona.

89