Nos besamos de pie junto a la puerta. Ella me apartó. Volvimos a besarnos. —¡Ay, no! —dijo Brett.
Se volvió rápidamente y entró en el hotel. El chófer me llevó en coche hasta mi apartamento. Le di veinte francos, se tocó la gorra y dijo: «Buenas noches, señor», y se marchó. Tocué el timbre. Se abrió la puerta, subí y me fui a la cama.