para comprar entradas para verle, el público exigió que fuera más que muy bien. El gran atractivo de Belmonte es torear cerca del toro. En la tauromaquia se habla del terreno del toro y del terreno del torero. Mientras un torero se mantiene en su propio terreno está relativamente a salvo. Cada vez que entra en el terreno del toro corre un gran peligro. Belmonte, en sus mejores tiempos, toreaba siempre en el terreno del toro. De este modo transmitía la sensación de una tragedia inminente. La gente iba a la corrida para ver a Belmonte, para experimentar sensaciones trágicas y, tal vez, para ver la muerte de Belmonte. Hace quince años decían que si querías ver a Belmonte tenías que ir rápido, mientras aún estuviera vivo. Desde entonces ha matado a más de un millar de toros. Cuando se retiró creció la leyenda sobre cómo había sido su toreo, y cuando reapareció el público se sintió decepcionado porque ningún hombre de verdad podía arrimarse a los toros tanto como se suponía que lo había hecho Belmonte, ni siquiera Belmonte, por supuesto.
También Belmonte impuso condiciones e insistió en que sus toros no fuesen demasiado grandes, ni estuvieran armados con cuernos demasiado peligrosos, y así el elemento que era necesario para dar la sensación de tragedia no estaba allí, y el público, que le exigía a Belmonte tres veces más —estando él enfermo de una fístula— de lo que Belmonte había sido capaz de dar jamás, se sintió defraudado y estafado, y la mandíbula de Belmonte sobresalió aún más con desprecio, y su rostro se puso más amarillento, y se movía con mayor dificultad a medida que su dolor aumentaba, y al final la multitud se puso activamente en su contra, y él mostró un desprecio y una indiferencia absolutos.
Había planeado pasar una gran tarde, y en su lugar fue una tarde de burlas, insultos a gritos y, finalmente, una andanada de cojines y pedazos