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Compensación

Pero todo el bien de la naturaleza es del alma, y puede obtenerse si se paga con la moneda legítima de la naturaleza, es decir, con el trabajo que el corazón y la cabeza aprueban. Ya no deseo encontrar un bien que no me he ganado, por ejemplo, hallar una olla de oro enterrado, sabiendo que trae consigo nuevas cargas. No deseo más bienes externos⁠—ni posesiones, ni honores, ni poderes, ni personas. La ganancia es aparente; el impuesto es seguro. Pero no hay impuesto sobre el saber que la compensación existe y que no es deseable desenterrar tesoros. En esto me regocijo con una serena paz eterna. Reduzco los límites del daño posible. Aprendo la sabiduría de san Bernardo⁠—«Nada puede causarme daño excepto yo mismo; el mal que sufro lo llevo conmigo, y jamás soy un verdadero perjudicado sino por mi propia culpa».

En la naturaleza del alma está la compensación de las desigualdades de condición. La tragedia radical de la naturaleza parece ser la distinción entre el Más y el Menos. ¿Cómo puede el Menos no sentir el dolor; cómo no sentir indignación o malevolencia hacia el Más? Mírinese a aquellos que

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