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Experiencia

El universo es la novia del alma. Toda simpatía privada es parcial. Dos seres humanos son como esferas que solo pueden tocarse en un punto, y mientras permanezcan en contacto, todos los demás puntos de cada uno de los globos permanecen inertes; también les llegará su turno, y cuanto más dure una unión particular, mayor energía de apetencia adquieren las partes que no están en unión.

La vida puede ser representada, pero no puede ser dividida ni duplicada. Cualquier invasión de su unidad sería el caos. El alma no nace gemela sino unigénita, y aunque se revela como niña en el tiempo, niña en apariencia, es de un poder fatal y universal, que no admite ninguna covida. Cada día, cada acto delata a la divinidad mal disimulada. Creemos en nosotros mismos como no creemos en los demás. Nos lo permitimos todo, y eso que llamamos pecado en los demás es para nosotros un experimento. Es una muestra de nuestra fe en nosotros mismos el hecho de que los hombres nunca hablan del crimen tan levemente como lo piensan; o bien cada hombre considera segura para sí una manga ancha que de ningún modo ha de tolerarse a otro. El acto se ve muy diferente por dentro y por fuera; en su cualidad y en sus consecuencias. El asesinato en el asesino no es un pensamiento tan ruinoso como los poetas y novelistas pretenden; no lo desestabiliza ni lo asusta de su atención ordinaria a las pequeñeces; es un acto bastante fácil de contemplar; pero en su desenlace resulta ser una horrible discordancia y confusión de todas las relaciones. Especialmente los crímenes que brotan del amor parecen rectos y justos desde el punto de vista del actor, pero al ejecutarse se descubre que destruyen la sociedad. Ningún hombre cree al final que puede perderse, ni que el crimen en él es tan negro como en el malhechor. Porque el intelecto matiza en nuestro propio caso los juicios morales. Pues para el intelecto no hay crimen. Este es antinómico o hipernómico, y juzga tanto la ley como el hecho.

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