la conciencia. La «ley de Lynch» prevalece únicamente donde existe una mayor intrepidez y autosuficiencia en los líderes. Una multitud no puede ser permanente; el interés de todos exige que no exista, y solo la justicia satisface
Debemos confiar infinitamente en la necesidad benéfica que brilla a través de todas las leyes. La naturaleza humana se expresa en ellas de manera tan característica como en las estatuas, las canciones o los ferrocarriles; y un resumen de los códigos de las naciones sería una transcripción de la conciencia común. Los gobiernos tienen su origen en la identidad moral de los hombres. Se ve que la razón para uno es razón para otro, y para cualquier otro. Existe una medida intermedia que satisface a todas las partes, por muchas o tan resueltas que estén en defender lo suyo. Cada hombre encuentra una sanción para sus más simples exigencias y actos en las decisiones de su propia mente, a las que llama Verdad y Santidad. En estas decisiones todos los ciudadanos encuentran un acuerdo perfecto, y solo en estas; no en lo que es bueno para comer, bueno para vestir, buen uso del tiempo, o qué cantidad de tierra o de ayuda pública cada cual tiene derecho a reclamar. Esta verdad y esta justicia intentan los hombres en seguida aplicarlas a la medición de la tierra, el prorrateo de los servicios, la protección de la vida y de la propiedad. Sus primeros intentos, sin duda, son muy torpes. Sin embargo, el derecho absoluto es el primer gobernante; o bien, todo gobierno es una teocracia impura. La idea hacia la cual cada comunidad aspira al hacer y enmendar su ley es la voluntad del hombre sabio. Al hombre sabio no puede hallarlo en la naturaleza, y hace esfuerzos torpes pero sinceros para asegurar su gobierno mediante el artificio; como hacer que todo el pueblo dé su voto sobre cada medida; o mediante una doble elección lograr la representación del todo; o mediante una selección de los mejores ciudadanos; o asegurar las ventajas de la eficacia y la paz interna confiando el gobierno a uno solo, que pueda elegir por sí mismo a sus agentes. Todas las formas de gobierno simbolizan un gobierno inmortal, común a todas las dinastías e independiente de los números,