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El alma soberana

mente Divina en nuestra mente. Es un reflujo del arriuelo individual ante las olas crecientes del mar de la vida. Toda aprehensión distinta de este mandato central agita a los hombres con asombro y deleite. Un estremecimiento recorre a todos los hombres ante la recepción de una nueva verdad, o ante la realización de una gran acción, que surge del corazón de la naturaleza. En estas comunicaciones el poder de ver no está separado de la voluntad de hacer, sino que la perspicacia proviene de la obediencia, y la obediencia proviene de una alegre percepción.

Cada momento en que el individuo se siente invadido por ella es memorable. Por la necesidad de nuestra constitución, un cierto entusiasmo acompaña a la conciencia que el individuo tiene de esa presencia divina. El carácter y la duración de este entusiasmo varían según el estado del individuo, desde un éxtasis, un trance y una inspiración profética⁠ —que es su manifestación más rara⁠— hasta el más tenue destello de emoción virtuosa, forma en la cual calienta, como nuestros hogares, a todas las familias y asociaciones de los hombres, y hace posible la sociedad.

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