En la mente de todo hombre quedan algunas imágenes, palabras y hechos, sin esfuerzo por su parte para grabarlos, que otros olvidan, y después estos le ilustran importantes leyes.
Todo nuestro progreso es un despliegue, como el brote vegetal. Primero tienes un instinto, luego una opinión, después un conocimiento, como la planta tiene raíz, capullo y fruto.
Fíaos del instinto hasta el final, aunque no podáis dar ninguna razón. Es vano apresurarlo. Al confiar en él hasta el final, madurará en verdad y sabréis por qué creéis.
Cada mente tiene su propio método. Un hombre verdadero jamás actúa según las reglas de la universidad. Lo que has acumulado de manera natural sorprende y deleita cuando sale a la luz.
Pues no podemos vislumbrar el secreto ajeno. Y de ahí que las diferencias entre los hombres en cuanto a dote natural sean insignificantes en comparación con su riqueza común.
¿Crees que el porteuret y el cocinero no tienen anécdotas, experiencias, maravillas para ti? Todo el mundo sabe tanto como el sabio. Las paredes de las mentes rudas están garabateadas por todas partes con hechos, con pensamientos. Algún día traerán un farol y leerán las inscripciones.
Cada hombre, en la medida en que posee ingenio y cultura, ve inflamarse su curiosidad respecto a los modos de vivir y de pensar de los demás, y en especial de aquellas clases cuyas mentes no han sido domeñadas por la disciplina de la educación escolar.
Esta acción instintiva nunca cesa en una mente sana, sino que se vuelve más rica y más frecuente en sus informes a través de todos los estados de cultura. Por fin llega la era de la reflexión, cuando no solo observamos, sino que nos esmeramos en observar; cuando con propósito deliberado nos