innumerables flósculos blanquean y ondulan ante la vista; los reflejos de los árboles y las flores en lagos cristalinos; el viento del sur, musical, vaporoso y oloroso, que convierte a todos los árboles en arpas eólicas; el chisporroteo y el estallido de la cicuta en las llamas, o de los troncos de pino, que otorgan gloria a las paredes y a los rostros en la sala de estar—éstos son la música y las imágenes de la religión más antigua. Mi casa se halla en tierra baja, con vistas limitadas, y en las afueras de la aldea. Pero voy con mi amigo a la orilla de nuestro pequeño río, y con una sola palada dejo atrás la política y las personalidades de la aldea, sí, y el mundo de las aldeas y las personalidades, para adentrarme en un reino delicado de atardecer y luz de luna, casi demasiado luminoso para que el hombre mancillado en él penetre sin noviciado y probación. Penetramos corporalmente esta increíble belleza; sumergimos nuestras manos en este elemento pintado; nuestros ojos se bañan en estas luces y formas. Un día festivo, una villeggiatura, una revelación real, el más orgulloso y regocijado festival que el valor y la belleza, el poder y el gusto jamás adornaron y disfrutaron, se instaura al instante. Estas nubes del poniente, estas estrellas que emergen delicadamente, con sus miradas íntimas e inefables, lo significan y lo proponen. Se me enseña la mezquindad de nuestra invención, la fealdad de las ciudades y los palacios. El arte y el lujo han aprendido pronto que deben obrar como realce y corolario de esta belleza original. Estoy sobreinstruido para mi regreso. De aquí en adelante seré difícil de complacer. No puedo volver a los juguetes. Me he vuelto costoso y sofisticado. Ya no puedo vivir sin elegancia, pero un campesino será mi maestro de ceremonias. Aquel que más sabe; aquel que sabe qué dulzuras y virtudes hay en la tierra, en las aguas, en las plantas, en los cielos, y cómo acceder a estos encantos—ésa es la persona rica y real. Solo en la medida en que los amos del mundo han llamado a la naturaleza en su auxilio, pueden alcanzar la cumbres de la magnificencia. Éste es el sentido de sus jardines colgantes, villas, cenadores, islas, parques y cotos, para respaldar su imperfecta personalidad con estos fuertes accesorios. No me extraña que el sector terrateniente sea invencible en el Estado con
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Naturaleza
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