agricultura son los dos hechos antagónicos. La geografía de Asia y de África hizo necesaria una vida nómada. Pero los nomadas eran el terror de todos aquellos a quienes la tierra o las ventajas de un mercado habían inducido a construir ciudades. La agricultura fue, por tanto, un mandato religioso, debido a los peligros que el nomadismo suponía para el Estado. Y en estos países tardíos y civiles de Inglaterra y América estas propensiones aún libran la vieja batalla, en la nación y en el individuo.
Los nómadas de África se veían obligados a deambular por los ataques del tábano, que enloquece al ganado y obliga así a la tribu a emigrar en la estación de lluvias y a llevarse el ganado hacia las regiones arenosas más altas.
Los nómadas de Asia siguen los pastos de mes en mes.
En América y Europa el nomadismo es de comercio y curiosidad; un progreso, sin duda, desde el tábano del Astaboras hasta la anglo e italomanía de la bahía de Boston.