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Compensación

El trabajo humano, en todas sus formas, desde el afilado de una estaca hasta la construcción de una ciudad o una épica, es una inmensa ilustración de la perfecta compensación del universo.

El equilibrio absoluto del Dar y Tomar, la doctrina de que todo tiene su precio —y de que si no se paga ese precio, no se obtiene aquello sino otra cosa, y de que es imposible conseguir nada sin su precio— no es menos sublime en las columnas de un libro de contabilidad que en los presupuestos de los Estados, en las leyes de la luz y de las tinieblas, en toda la acción y reacción de la naturaleza.

No dudo de que las altas leyes que cada hombre ve implicadas en aquellos procesos con los que está familiarizado, la ética severa que brilla en el filo de su cincel, que se mide con su plomada y su cartabón, que se manifiesta tan claramente en la suma de la factura de la tienda como en la historia de un Estado —le recomiendan su oficio y, aunque rara vez se nombren, exaltan su labor ante su imaginación.

La liga entre la virtud y la naturaleza compromete a todas las cosas a adoptar una actitud hostil hacia el vicio. Las hermosas leyes y sustancias del mundo persiguen y azotan al traidor. Descubre que las cosas están dispuestas en favor de la verdad y el beneficio, pero no hay guarida en el ancho mundo para ocultar a un canalla. Comete un crimen, y la tierra estará hecha de vidrio. Comete un crimen, y parecerá como si una capa de nieve hubiera caído sobre el suelo, tal como revela en los bosques la huella de cada perdiz, zorro, ardilla ytopo. No puedes retirar la palabra dicha, no puedes borrar la huella, no puedes subir la escalera de modo que no dejes entrada o pista alguna. Siempre transcurre alguna circunstancia condenatoria. Las leyes y sustancias de la naturaleza —agua, nieve, viento, gravitación— se convierten en castigos para el ladrón.

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