comemos hierba, rechazamos las leyes, vamos a la cárcel: todo es en vano; solo mediante la obediencia a su genio, solo mediante la actividad más libre en el camino que le es propio por naturaleza, parece surgir un ángel ante el hombre y llevarlo de la mano fuera de todas las celdas de la prisión.
Lo que nos conviene, envueltos como estamos en la belleza y el asombro, es la alegría y el valor, y el empeño por realizar nuestras aspiraciones.
La vida del hombre es el verdadero romance que, cuando se conduce con valentía, otorga a la imaginación una alegría superior a la de cualquier ficción.
A nuestro alrededor, ¡cuántas fuerzas se hallan envueltas bajo las burdas esteras de la costumbre, impidiendo todo asombro! Les parece tan maravilloso a nuestros neurólogos que un hombre pueda ver sin sus ojos, que no se les ocurre que es igual de maravilloso que deba ver con ellos; y esa es siempre la diferencia entre el sabio y el insensato: este último se maravilla de lo inusual, el hombre sabio se maravilla de lo habitual.
¿Acaso el corazón que tanto ha recibido no confiará en el Poder por elivo vive? ¿No podrá abandonar otras guías y escuchar al Alma que lo ha guiado con tanta suavidad y le ha enseñado tanto, seguro de que el futuro será digno del pasado?