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Arte

  • En los paisajes, el pintor debe sugerir una creación más hermosa de la que conocemos. * Los detalles, la prosa de la naturaleza, debe omitirlos para darnos únicamente el espíritu y el esplendor. * Debe saber que el paisaje posee belleza para su ojo porque expresa un pensamiento que para él es bueno; y esto porque el mismo poder que ve a través de sus ojos se manifiesta en ese espectáculo; y llegará a valorar la expresión de la naturaleza y no la naturaleza misma, ensalzando así en su copia los rasgos que le agradan. * Dará la penumbra de la penumbra y el sol del sol. En un retrato debe inscribir el carácter y no los rasgos, y debe estimar al hombre que posa para él como a un mero cuadro imperfecto o semejanza del original

¿Qué es esa reducción y selección que observamos en toda actividad espiritual, sino el impulso creador mismo? Pues es la vía de entrada de esa iluminación superior que enseña a transmitir un sentido más vasto mediante símbolos más simples.

¿Qué es el hombre sino el éxito más depurado de la naturaleza en su autoexplicación?

¿Qué es el hombre sino un paisaje más sutil y compacto que el que figuran las líneas del horizonte⁠—el eclecticismo de la naturaleza? ¿Y qué son su lenguaje, su amor por la pintura, su amor por la naturaleza, sino un éxito aún más refinado⁠—dejando atrás las fatigosas millas y toneladas de espacio y volumen, y contrayendo su espíritu o moraleja en una palabra musical, o en la más diestra pincelada?

Pero el artista debe emplear los símbolos en uso en su época y nación para transmitir su sentido ampliado a sus semejantes. Así, lo nuevo en el arte se forma siempre a partir de lo viejo. El Genio de la Hora imprime su sello indeleble en la obra y le otorga un encanto inexpresivo para la

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