Un modo de la enseñanza divina es la encarnación del espíritu en una forma—en formas, como la mía. Vivo en sociedad, con personas que responden a pensamientos en mi propia mente, o expresan una cierta obediencia a los grandes instintos por los que vivo. Veo su presencia en ellas. Tengo la certeza de una naturaleza común; y estas otras almas, estos yos separados, me atraen como ninguna otra cosa puede hacerlo. Despiertan en mí las nuevas emociones que llamamos pasión; de amor, odio, miedo, admiración, piedad; de ahí surgen la conversación, la competencia, la persuasión, las ciudades y la guerra.
Las personas son secundarias respecto a la enseñanza primaria del alma. * En la juventud nos vuelven locos las personas. * La infancia y la juventud ven el mundo entero en ellas. Pero la experiencia más vasta del hombre descubre la naturaleza idéntica que se manifiesta a