de la razón? Si el médico, el abogado, el eclesiástico, nunca los usan para alcanzar sus fines, yo jamás necesito aprenderlos para alcanzar los míos. El conjuro ha pasado de moda, y omitiré esta conjugación e iré directo a los asuntos». Así que se saltaron el griego y el latín, y estudiaron derecho, medicina o sermones sin ellos. Para asombro de todos, los hombres hechos a sí mismos se situaron de inmediato al mismo nivel que los más antiguos de los graduados regulares, y en pocos meses los círculos más conservadores de Boston y Nueva York habían olvidado por completo cuáles de sus académicos tenían estudios universitarios y cuáles no.
Una tendencia se manifiesta por igual en la especulación filosófica y en los movimientos democráticos más rudos, a través de toda la petulancia y toda la puerilidad: a saber, el deseo de descartar lo superfluo y llegar a métodos abreviados; impulsado, según supongo, por la intuición de que el espíritu humano está a la altura de todas las emergencias, por sí solo, y de que el hombre resulta más a menudo perjudicado que ayudado por los medios de que se vale.