La pasión reconstruye el mundo para la juventud. Hace que todas las cosas estén vivas y sean significativas. La naturaleza cobra conciencia. Cada pájaro en las ramas del árbol le canta ahora al corazón y al alma. Las notas son casi articuladas. Las nubes tienen rostros mientras él las mira. Los árboles del bosque, la hierba que se mece y las flores que asoman se han vuelto inteligentes; y casi teme confiarles el secreto al que parecen invitar. Sin embargo, la naturaleza reconforta y simpatiza. En la verde soledad encuentra un hogar más querido que entre los hombres:—
“Manantiales y arboledas sin caminos, Lugares que la pálida pasión ama, Paseos a la luz de la luna, cuando todas las aves Están a buen recaudo, salvo murciélagos y búhos, Una campana de medianoche, un gemido moribundo— Estos son los sonidos de los que nos alimentamos.”
¡He ahí en el bosque al buen loco!
Él es un palacio de dulces sonidos y visiones; * se dilata; * es dos veces un hombre; * camina con los brazos en jarra; * soliloquia; * aborda a la hierba y a los árboles; * siente en sus venas la sangre de la violeta, del trébol y del lirio; * y habla con el arroyo que moja su pie.
Los ardores que han abierto sus percepciones de la belleza natural le han hecho amar la música y el verso. Es un hecho a menudo observado que los hombres han escrito buenos versos bajo la inspiración de la pasión, los cuales no pueden escribir bien bajo ninguna otra circunstancia.
Igual fuerza tiene la pasión sobre toda su naturaleza. Dilata el sentimiento; vuelve gentil al patán y otorga valor al cobarde.