¿Qué hay tan grande como la amistad? Llevémosla con la mayor grandeza de espíritu que podamos.
Seamos silenciosos —para poder escuchar el susurro de los dioses. No interfiramos. ¿Quién te mandó a andar maquinando qué debes decir a las almas elegidas, o cómo decirles algo? No importa cuán ingenioso, no importa cuán elegante y afable. Hay innumerables grados de insensatez y de sabiduría, y decir cualquier cosa por tu parte es ser frívolo.
Espera, y tu corazón hablará. Espera hasta que lo necesario y eterno te domine, hasta que el día y la noche se valgan de tus labios.
La única recompensa de la virtud es la virtud; la única manera de tener un amigo es ser uno. No te acercarás más a un hombre por entrar en su casa. Si son distintos, su alma solo huye más rápido de ti, y nunca captarás una verdadera mirada de sus ojos. Vemos a los nobles desde lejos y nos repelen; ¿por qué habríamos de inmiscuirnos?
Tarde —muy tarde— percibimos que ningún arreglo, ninguna presentación, ningún hábito o costumbre de la sociedad servirá de nada para establecernos en las relaciones que deseamos con ellos, sino únicamente el surgimiento de la naturaleza en nosotros al mismo grado en que está en ellos; entonces nos encontraremos como el agua con el agua; y si no nos encontrásemos con ellos entonces, no los necesitaremos, porque nosotros ya somos ellos.
En el análisis último, el amor es solo el reflejo del propio mérito de un hombre a partir de otros hombres. Los hombres a veces han intercambiado nombres con sus amigos, como si quisieran indicar que en su amigo cada uno amaba su propia alma.
Cuanto más elevado sea el estilo que exigimos de la amistad, por supuesto que menos fácil será establecerla con carne y hueso. Caminamos solos en el mundo. Los amigos que deseamos son sueños y fábulas.