No desespero de nuestra república por estos defectos. No estamos a merced de las olas de la suerte. En la pugna de los partidos feroces, la naturaleza humana siempre se halla a sí misma protegida; como se descubre que los hijos de los convictos de la bahía Botany poseen un sentimiento moral tan sano como cualquier otro niño. Los ciudadanos de los Estados feudales se alarmas de que nuestras instituciones democráticas devengan en anarquía, y los más ancianos y prudentes entre nosotros están aprendiendo de los europeos a mirar con cierto terror nuestra libertad turbulenta. Se dice que en nuestra licencia para interpretar la Constitución, y en el despotismo de la opinión pública, carecemos de ancla; y un observador extranjero cree haber hallado la salvaguarda en la santidad del Matrimonio entre nosotros; y otro cree haberla encontrado en nuestro calvinismo. Fisher Ames expresó la seguridad popular con mayor sabiduría al comparar una monarquía con una república, diciendo que una monarquía es un buque mercante, que navega bien, pero que a veces choca contra una roca y se va a pique; mientras que una república es una balsa, que nunca se hunde, pero en la que uno siempre tiene los pies en el agua. Ninguna forma puede revestir una importancia peligrosa mientras contemos con la favorabilidad de las leyes de las cosas. No importa cuántas toneladas de peso atmosférico presionen nuestras cabezas, siempre que esa misma presión nos resista desde el interior de los pulmones. Auméntese la masa mil veces, y no podrá empezar a aplastarnos, mientras la reacción sea igual a la acción. El hecho de dos polos, de dos fuerzas, centrípeta y centrífuga, es universal, y cada fuerza mediante su propia actividad desarrolla la otra. * La libertad salvaje desarrolla una conciencia de hierro. * La falta de libertad, al fortalecer la ley y el decoro, adormece
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Política
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