Más amplios y profundos debemos escribir nuestros anales —a partir de una reforma ética, de un influjo de la siempre nueva, siempre sanativa conciencia— si hemos de expresar con mayor verdad nuestra naturaleza central y de amplias relaciones, en lugar de esta vieja cronología de egoísmo y soberbia a la que demasiado tiempo hemos prestado nuestros ojos. Ya ese día existe para nosotros, nos alumbra de improviso, pero el camino de la ciencia y de las letras no es la vía hacia la naturaleza. El idiota, el indio, el niño y el muchacho granjero sin instrucción se hallan más cerca
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Historia
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