a Proclo, y a veces a Platón, como si pudiera leer un diccionario, como una ayuda mecánica para la fantasía y la imaginación. Leo en busca de los destellos, como quien utilizara un cuadro hermoso en un experimento cromático, por sus ricos colores. No es a Proclo, sino a un fragmento de la naturaleza y del destino al que explora. Es una alegría mayor ver al autor del autor que al autor mismo. Un placer mayor de la misma índole hallé últimamente en un concierto, adonde fui a escuchar el Mesías de Handel. Del mismo modo que el maestro doblegaba la pequeñez y la incapacidad de los intérpretes y los convertía en conductores de su electricidad, así era fácil observar los esfuerzos que la naturaleza estaba realizando, a través de tantas personas roncas, de madera e imperfectas, para producir hermosas voces, hombres y mujeres fluidos y guiados por el alma. El genio de la naturaleza imperaba en el oratorio.
Esta preferencia del genio por las partes es el secreto de esa deificación