recuerdo del bien y la hermosura celestiales; y el hombre, al contemplar a tal persona del sexo femenino, corre hacia ella y halla la más alta alegría al contemplar la forma, el movimiento y la inteligencia de esta persona, porque le sugiere la presencia de aquello que en verdad está dentro de la belleza, y que es la causa de la belleza.
Si, sin embargo, por conversar demasiado con los objetos materiales, el alma se endurecía y extraviaba su satisfacción en el cuerpo, no cosechaba más que pesar; siendo el cuerpo incapaz de cumplir la promesa que la belleza ofrece; mas si, aceptando la insinuación de estas visiones y sugerencias que la belleza hace a su mente, el alma atraviesa el cuerpo y llega a admirar los rasgos del carácter, y los amantes se contemplan mutuamente en sus discursos y en sus acciones, entonces pasan al verdadero palacio de la belleza, inflaman cada vez más su amor por ella, y mediante este amor extinguen la baja afección, como el sol apaga el fuego al brillar sobre el hogar, se vuelven puros y consagrados.
Mediante la