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Confianza en uno mismo

en sus reinos nada que no pueda valerse por sí mismo. La génesis y maduración de un planeta, su equilibrio y órbita, el árbol encorvado que se recupera del fuerte viento, los recursos vitales de cada animal y vegetal, son demostraciones del alma autosuficiente y, por tanto, autosufiada.

Así todo se concentra: no divaguemos; quedémonos en casa con la causa. Aturdimos y asombremos a la chusma entrometida de hombres, libros e instituciones, mediante una simple declaración del hecho divino.

Ordenad a los invasores que se quiten el calzado de los pies, pues Dios está aquí dentro.

Que nuestra simplicidad los juzgue, y que nuestra docilidad a nuestra propia ley demuestre la pobreza de la naturaleza y la fortuna junto a nuestras riquezas nativas.

Pero ahora somos una chusma. El hombre ya no se siente sobrecogido ante el hombre, ni se advierte a su genio que permanezca en casa, que se ponga en comunicación con el océano interno, sino que sale al extranjero a mendigar una taza de agua de las urnas de otros hombres. Debemos ir solos. Me gusta la iglesia silenciosa antes de que empiece el servicio, más que cualquier prédica. ¡Qué lejanos, qué fríos, qué castos se ven las personas, ceñida cada una de un recinto o santuario! Sentémonos siempre así. ¿Por qué habríamos de asumir las culpas de nuestro amigo, o esposa, o padre, o hijo, porque se sientan alrededor de nuestro hogar, o se dice que tienen la misma sangre? Todos los hombres tienen mi sangre y yo tengo la de todos. No por eso adoptaré su petulancia o insensatez, ni siquiera al grado de avergonzarme de ello. Pero vuestro aislamiento no debe ser mecánico, sino espiritual, esto es, debe ser elevación. A veces el mundo entero parece estar en conspiración para importunarte con fruslerías enfáticas. Amigo, cliente, hijo, enfermedad, miedo, necesidad, caridad, todos llaman a la vez a la puerta de tu gabinete y dicen: «Salid

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